En Tibidabo, la luz del atardecer envolvía cada gesto y cada sonrisa.
Él llegó con ilusión y yo acompañé con un pequeño detalle: las flores que harían más especial la propuesta.
Las imágenes capturan la autenticidad de la emoción: la sorpresa, la alegría y la conexión entre ambos. Cada instante quedó registrado sin poses, conservando la magia y la sinceridad de ese “sí” que transformó el día en un recuerdo inolvidable.