A primera hora de la mañana, el Barrio Gótico se muestra casi vacío.
Las calles estrechas, la luz suave y el silencio crean un espacio íntimo, donde cada paso se vuelve consciente.
Esta sesión en solitario acompaña ese momento suspendido, capturando gestos simples y una presencia tranquila. Las imágenes conservan la calma del inicio del día, cuando la ciudad todavía no ha comenzado a hablar.